Hace unos dias acompañaba en su carro a una muy buena amiga mia. Nuestras conversaciones esa tarde rondaban sobre ciertos problemas economicos por los que ella atravesaba.

Nuestra ruta nos llevaba por la 27 de Febrero, para doblar la Churchill hacia la izquierda, pero justo en el momento que nos tocaba doblar cambio el semaforo y no nos quedo mas remedio que esperar.

Como sabemos todos los que vivimos en Santo Domingo y mas los que cruzan por esa interseccion con frecuencia, esa es un area “habitada” por muchos vendedores ambulantes y limpiavidrios. En cierto momento mi amiga hablaba con un joven que trataba de venderle un sticker con un mensaje de “Yo amo a Jesus” y otro chico, sin mediar palabras se pone a limpiar el parabrisas del carro de mi amiga.

Al ver su accion me moleste un poco, pero mi amiga me pregunto si tenia menudo para darle. Le dije que no me gusto lo que hizo, pero paso algo que no habia visto en tanto tiempo.

El chico le dijo a mi amiga que si volvia a pasar cerca de ahi, si le podia llevar una mascota para la escuela. Me tuve que comer mis palabras, porque lo dijo con tanto interes que definitivamente no tuve mas que decir.

Solo queria una mascota, eso atraveso mi alma y emblandecio mi corazon, hasta unos segundos antes molesto por su accion de limpiar sin preguntar.

Me gusto tanto su solicitud que le propuse a mi amiga comprarle lo que pidio. Estuvo de acuerdo, asi que entramos al centro comercial que quedaba justo en frente. Le compramos tres mascotas, una caja de lapices y un sacapuntas.

Al salir le dije a mi amiga que me esperara en el carro para cruzar a pie hasta donde se encontraba el chico. Pero cosas de la vida, no lo vi por parte en ninguna de las esquinas donde se juntaban los limpiavidrios para hacer su trabajo en aquella interseccion.

Tratamos un ultimo intento, recorrimos la ruta de la 27 de Febrero hasta la Lincoln y luego de regreso hasta la Churchill, pero no dimos con el. Otro limpiavidrios nos dijo que se habia marchado.

Esa tarde aprendimos algo ya que todo en la vida es una enseñanza. Esa tarde aprendimos que todos tenemos problemas, cada cual en mayor o menor grado, todos pasamos por periodos dificiles en la vida, como los cientos de miles de pesos de mi amiga contra unos cuantos pesos para una mascota para aquel chico.

De eso hace ya unos dias y por razones de trabajo no hemos vuelto a cruzar por alli. Aun la funda de la tienda espera por su dueño, aquel chico “jabao” y “pelu” que solo pidio una mascota para la escuela, si volviamos.